Kastraki – Delphi

Kastraki – Delphi

Greece
Por Cuqui 40 vistas Delphi

28º día

Los monasterios de Meteora o “Monasterios en el cielo” son construcciones que coronan la cumbre de una serie de formaciones rocosas de arenisca y conglomerado a la que la erosión ha dado una forma de lo más caprichosa.
Fueron fundados por monjes que buscaban aislamiento y seguridad y llegaron a ser veinticuatro construcciones, aunque en la actualidad solo seis siguen activos. Durante la Segunda Guerra Mundial la gran mayoría fueron destruidos, debido a que la resistencia griega los utilizó como refugio.

El acceso a los monasterios se hizo deliberadamente complicado hasta el punto de que la manera de llegar a destino era a través de escaleras de mano y hasta finales del siglo XVII la única manera de aprovisionarse era a través de cuerdas y cestas.
Hacia principios del siglo XX se mejoró el acceso esculpiendo escalones en la roca y algún que otro puente.
Actualmente los seis monasterios que quedan pueden ser visitados siempre que se sigan reglas de vestimenta. Las mujeres no pueden entrar con pantalones por lo que se les presta una tela a la entrada a modo de falda y han de cubrirse la cabeza con un pañuelo. Los hombres no encuentran tanto problema a la hora de acceder a ellos.
De entre todos el más grande y algo es el Gran Meteoro o de la Metamorfosis, fundado hacia 1340, ortodoxo como todos los demás y dedicado en un principio a la Virgen María y posteriormente a la Transfiguración de Jesús. Su construcción tardó décadas por la dificultad de elevar los materiales hasta esa altura. Hoy día sigue activo y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El paseo, ya os podéis imaginar, ha sido impresionante. Además de que la historia de cada uno de los monasterios es apasionante y entretenida.
La sensación de que van a deslizarse por la montaña hasta llegar abajo es constante en todos ellos. Es imposible ni imaginar qué pudo pasar por la cabeza de los monjes que los fundaron; quizá en su deseo de alejarse del mundo buscaban estar más cerca de Dios.
La siguiente parada ha sido la ciudad sagrada de Delfos, donde hemos plantado el campamento base y salido andando a hacer la visita. Tres kilómetros y medio monte arriba, cruzándote con todo tipo de “fauna”. Las tortugas abundan mucho por aquí hasta el punto de que en la carretera encuentras señales de advertencia para no atropellarlas.
Menos mal que las vistas merecían la pena porque la subidita ha sido bastante cansada.

Delfos, considerada por los antiguos griegos como “el ombligo del mundo”, fue el centro espiritual más importante dedicado al dios Apolo. Situada en la ladera del monte Parnaso, albergaba el oráculo más venerado y respetado de la religión griega.
Según las creencias, el oráculo era una mujer, la Pitia, sacerdotisa del templo de Apolo, que envuelta en misteriosos vapores daba respuestas enigmáticas que solían condicionar profundamente las decisiones de la persona que realizaba la consulta.
Durante el paseo por la ciudad te encuentras el Templo de Apolo, donde se hallaba el oráculo, y el Teatro, con vistas espectaculares y con un aforo de cinco mil espectadores. En él se solía representar teatro clásico además de eventos musicales y competiciones como los Juegos Píticos en honor de Apolo.
El Tesoro de los Atenienses es uno de los pocos edificios del santuario que los arqueólogos pudieron reconstruir y está bastante bien conservado.

Según el mito, Apolo reclamó Delfos matando a la serpiente Pitón, guardiana de la diosa de la Tierra, Gea. La victoria del dios purificó el lugar y lo estableció como su santuario sagrado donde un Oráculo hablaría siempre en su nombre.
Teodosio I ordenó la destrucción de templos e iconografía paganos, haciendo así desaparecer el templo que se erigió en su nombre en la ciudad de Delfos.
La visita acababa en el museo, que si os somos sinceros lo hemos visitado con algo más de prisa, aunque también ha sido un despertar cultural considerable.

La Esfinge de los Nasios, los Gemelos de Argos o la estatua de cariátide son ejemplos de lo que se conserva en el museo, que no es muy grande, pero está muy bien distribuido y referenciado.
Antes de emprender el regreso, hemos hecho una parada de refresco en un barecillo del pueblo con vistas al desfiladero. El camping en el que nos vamos alojar esta noche tiene las mismas vistas: un valle de olivos con un pueblo de casas rojas y al fondo el Golfo de Corinto con el monte nevado de Ziria en la línea del horizonte.

El cansancio del día y las ganas de probar la “musaca” han terminado de declinar la balanza y la opción de acercarnos al restaurante ha ganado por goleada. Ensalada griega, otra vez tzatziki con pepino y ajo, y la musaca, que es un plato típico griego parecido a una lasaña, pero con berenjena y patata.
De postre un baklava hecho de finas y crujientes hojas de masa filo rellenas de nueces y bañado en almíbar de miel que recuerda mucho a los dulces árabes porque es de origen turco. Un pelín demasiado dulce para nuestro gusto, pero como era un trozo pequeño no se nos ha hecho empalagoso.
Buenas noches… Os sigo contando 😘

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